jueves, 20 de noviembre de 2008

Bolonia






Bolonia tiene la Culpa.



Algunos alumnos de la universidad y de las enseñanzas medias se han manifestado en contra de la convergencia europea, proceso que se suele designar con el nombre del tratado que dio la señal de partida hacia ese horizonte convergente de 2010. Bolonia.

Y dicen, en sus planfletario discurso de confrontación/explicación, que Bolonia tiene la culpa.

¿Pero qué es eso de Bolonia? ¿De qué podemos culpar al proceso de convergencia de la enseñanza superior en el conjunto de los países de Europa? En Educación es relativamente sencillo caer en la desproporción y en la caricatura. Lo hemos visto en la hiperbólica defensa del plurinlugüismo del alumnado valenciano, patrocinada y publicitada por la Consellería, cuando en realidad lo único que se buscaba era rechazar un plan de formación alternativo a la Religión, llegado del gobierno central, con un "te la tragas" porque en mi comunidad mando yo, absolutamente de espaldas a la realidad educativa de la Comunidad.


¿Será verdad que "gracias a Bolonia" van a desaparecer las becas? ¿Será verdad que el nuevo "grado" va ofrecer una formación básica insuficiente e inadecuada y que, además, se va a cerrar con un año de prácticas no remuneradas (que fíjate bien lo que se van a ahorrar en puestos de trabajo estos sinvergüenzas a costa de los pobres estudiantes universitarios) y solo van a sservir para conseguir un puesto de trabajo precario, mal remunerado y peor considerado? ¿será verdad que para poder hacer algo decente en la vida laboral tendrás que hacer después un postgrado carísimo, sin becas de nuevo y solo para graduados acomodados y ricos?
Si escuchamos las soflamas de los universitarios protestones parecería que Bolonia, es decir, el proceso de convergencia europea, fuese la caja de pandora del mañana de la universidad. Pero aú n hay más ytal vez un "sobretodo", no se ha contado con ellos, no se ha preguntado a los alumnos; es decir, no se ha contado con los que protestan, porque con los que "oficialmente" les representan, con los vendidos y acomodaticios, con los que han traicionado a sus representados por una comida en La Charca, sí se han reunido, sí han pactado.

Se puede comprender el pánico ciego ante lo nuevo, esa sensación de vacío que desde hace siglos, nos empuja a afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor, sabiendo que es mentira. Se puede entender y hasta apoyar ese necesario y saludable perfil de incorformismo bullanguero y juvenil. Pero no parece razonable dejar que el pánico nos domine, nos ciegue o nos convierta en imporovisados miopes de la cosa.
Son muchas las razones que abalan la necesidad de cambiar, de transformar un sistema que no cumple adecuadamente con los objetivos que se le demandan. La Universidad española, la investigación cientìfica vinculada a la universidad tienen una trayectoria y un merecido reconocimiento, pero necesitan de un empuje, de un impulso que lyude a responder de manera adecuada, proporcionada y eficaz a los retos del nuevo siglo.
Que en el espacio de referencia de la Europa de hoy se piense en la posibilidad de trabajr en un esfuerzo de confluencia que favorezca el libre movimiento de estudiantes y titulados superiores en el escenario occidental de una Europa sin fronteras, parece una opción razonable, una posibilidad plausible.



¿Dónde está entonces la raíz de la discrepancia, del movimiento de rechazo? Tal vez deberíamos preguntarnos si todos, acaso, hemos manejado toda la información necesaria para valorar un proceso de transfomación tan ambicioso, complejo y difícil. En cuestiones de este tipo no sule ser suficiente con una información superficial. Cuando se afirma, por ejemplo, que los grados "empobrecen" la formación de los futuros licenciados, habría que plantearse qué queremos decir exactamente. Es verdad que en el proceso de puesta en marcha del diseño defiitivo de los nuevos grados universitarios pueden aparcer disfunciones, espacios oscuros, tendencias que tal vez fuera conveniente reconducir, pero todos sabemos que un proceso como el que se empieza a desarrollar en la Universidad requiere de tiempo y esfuerzo continuado.


Vigilemos de cerca los resultados, valoremos críticamente los pasos que se van dando, demandemos con argumentos poderosos, espacios de opinión que recojan las diferentes sensibilidades, pero siempre desde la información suficiente, veraz, comprometida.

Es posible que de "lainsuficiente luz" de una ausencia de compromiso informativo se escape la noche oscura y desproporcionada del pánico. Un pánico que hemos visto exteriorizado en eslóganes, imágenes, blogs de algunos universitarios Pero también un pánico que, tal vez, recoja la manifestación de otro miedo mucho menos explicable y mucho más culpable: el de un sector del profesorado que tampoco está dispuesto a abrir sus ojos al mañana.

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